sábado, 10 de diciembre de 2016

Ahora...


Ahora que me marcho...

Me llevo lo que ha quedado 
detrás de una mirada,
después de dejar a la luna
colgando en tu ventana,
y al eco de tu voz pausada,
gritando despedidas

Me llevo el destilar del alma
como lluvia, que cae sin medida
cuando la tarde llora sus nostalgias
y tus noches, parece apuradas
por despertar al viento que duerme
al final de la vereda

Y aunque me marcho sin prisa
mi amor / de palabra herida /

Hoy, 
te dejo las promesas que forjamos
como dos enamorados
enredados en la aurora,
cuando el alma parecía inquieta
y el otoño, cubría aquella hierba 
donde crecen los recuerdos
y las horas, repasan nuestra huella.

Mientras tú . . .
puedes quedarte con tu sombra,
con la noche y el silencio mal herido,
con las venas apretando los nudillos,
y la grieta que se abre sobre el muro
que separa tu ciudad de mi delirio,
y el ocaso que se eleva como un niño
al final de dos caminos sin destino
donde a veces, habita tu desidia
y a solas... se muere mi cariño!

Eileen Ovalle

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