
ESCENA DEL CRIMEN
La palidez de los cuerpos anunciaba la trágica consecuencia de la locura. El rostro cenizo y ausente que denunciaba ese sollozo en la oscuridad de una esquina hacía más dramática la escena que lograba estremecer hasta a los detectives presentes.
Las luces de las patrullas y las sirenas rompían el fúnebre silencio que envolvía esos leves sollozos en la noche en ese claustro de piedra y musgo donde relucía el tenue brillo de un cuchillo a los pies de un fraile que con la mirada perdida abandonaba el monasterio bañado de sangre.
Eileen
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