
Sé de aquel tiempo que no tenía dueño . . .
De la inquietud aparente que a veces duerme para despertar salvaje entre tus ojos y mi rostro, despojando una caricia en ese epicentro de mi alma, que a veces, en bandadas vuela como cálidas gaviotas en tus manos.
De las sombras de los eucaliptos y el otoño, jugando a las escondidas con sus ramas que se niegan a caer desnudas en las calles solitarias del silencio y sé del viento…sí…del viento…cómplice indiscreto…presagio casi eterno…fundamento…que se arropa en el invierno entre el aliento de la noche y tu sonrisa de aquel niño travieso…Te quiero, sí…te quiero sin arrepentimiento!
Eileen
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