
Ay de la ilusión suspendida . . .
de los minutos que jamás llegaron
y de las sombras, después del ocaso
De aquellos charcos formados por la lluvia
en una infancia que no regresa…
y de los barquitos de papel y ausencias
Ay del olor a mermelada y la merienda
sentados inocentes en la mesa
bajo el cálido susurro de la abuela
Ay de mi madre –que la tuve tan poco-
y de mi primer verso…
corriendo como el agua sobre el campo!
Eileen
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